27May

Modelos de negocios que agregan valor estratégico

A partir de la segunda mitad del siglo 20, el desarrollo de la tecnología pasó a ser uno de los elementos relevantes en la gestión estratégica de las organizaciones. El crecimiento exponencial de las aplicaciones tecnológicos posicionó a muchos países en un sitial preferencial de crecimiento y desarrollo, dejando muy atrás a las economías subdesarrolladas, mono productoras de materias primas y de commodities, cuyo valor de mercado era comparativamente mucho más bajo que las aplicaciones tecnológicas. Esta realidad que afectó a muchos países del “tercer mundo”, se ha proyectado hasta nuestros días, por la falta de visión, la falta de innovación, la falta de creatividad y la ausencia de valores agregados en nuestros países. Esta realidad se extiende a las corporaciones y empresas, que en los últimos años, han buscado mantener una presencia y un sitial competitivo, a partir de la búsqueda de ventajas competitivas, y de las economías en la gestión interna. Muchas veces a costo de afectar las relaciones laborales y a las personas que se desenvuelven en las organizaciones.

En la actualidad, el avance tecnológico ya no es fuente de ventajas. Una tecnología creada por algunos iluminados es rápidamente replicada y mejorada por importantes complejos industriales, sobre todo de países del lejano oriente, que gracias a sus economías de escala, tamaños de mercado, ventajas gubernamentales, incentivos y poder de negociación con sus proveedores; logran desarrollar productos a precios con los que difícilmente se podría competir. Aún más, si las dudas de los productos provenientes de estas potencias orientales, era la calidad de los mismos, hoy esta barrera se ha ido superando con creces, llegando a alcanzar elevados estándares de calidad a precios que no permiten competir. Los países productores de materias primas y sus empresas relacionadas deben enfrentar permanentemente la vorágine del mercado financiero internacional, que define los precios de compra en función de las expectativas del mercado y de las condiciones de compradores cada vez más poderosos.

Frente a un escenario global de alta complejidad, la pregunta es automática. ¿Qué debemos hacer en nuestra organizaciones, para alcanzar un sitial competitivo, que permita proyectarse y crecer en el tiempo? La respuesta está vinculada a la necesidad de que en todas las organizaciones identifiquen la clave de su VALOR ESTRATÉGICO, el cual no es otro que las personas y colaboradores que aportan día a día, su esfuerzo y trabajo por alcanzar niveles superlativos de rendimiento. El personal comprometido e implicado es aquel que apoya en la creatividad, en la innovación, en la identificación y aplicación de buenas prácticas, en el buen uso de los recursos, en la prestación de un servicio personalizado y de alto nivel hacia sus clientes. Estos factores resultan relevantes en las organizaciones exitosas, y son la clave que marca la diferencia entre instituciones que permanecerán y aquellas que irremediablemente están llamadas a desaparecer.

La pregunta que surge es cómo alcanzar elevados niveles de compromiso e implicancia en las personas, para contar con colaboradores de alto nivel, que aporten al desarrollo competitivo de las empresas. Algunas claves son:

a) Identificar con claridad las competencias y aprendizajes que los colaboradores deben manejar, en el desarrollo de sus actividades.

b) Contar con procesos de reclutamiento y selección, de alto nivel profesional, que minimice el riesgo de incorporar a personas que no cumplen con los perfiles deseados en las empresas.

c) Aplicar mecanismos de inducción a los nuevos contratados, de tal forma que los colaboradores que ingresen a trabajar, conozcan, reconozcan y se identifiquen con los aspectos estratégicos de Visión, Misión, valores, corporativos, metas y objetivos corporativos.

d) Dotar a los colaboradores de las herramientas, medios y del marco regulatorio necesario, para que pueda desenvolverse con amplias facultades, en un estado de orden, disciplina y cumplimiento. De esa forma, la persona podrá aplicar sus mejores herramientas creativas, aplicando sus destrezas y actitudes positivas, en pos de los resultados generales.

e) Planificar un plan formativo de los colaboradores, que les permita potenciar sus saberes, aprendizajes, uso de herramientas, tecnologías entre otras variables; que permitan al mismo tiempo, que las personas competentes, aporten al cumplimiento de los objetivos.

f) Entregar al personal de la empresa, los elementos motivacionales esenciales, que les permita la tranquilidad y estabilidad suficiente en lo económico y en lo laboral.

g) Propiciar un clima de trabajo participativo, de respeto, de sana convivencia, de armonía en las relaciones. En resumen una cultura organizacional positiva, que permita a las personas sentirse cómodos, seguros, alegres y participantes de una institución que los acoge y los protege.

h) Establecer mecanismos permanentes de evaluación con un enfoque por competencias, que permita detectar en forma oportuna las debilidades y brechas en el desarrollo de sus funciones. Este mecanismo dinámico y transparente, debe permitir aplicar medidas de aprendizaje, con una retroalimentación permanente de los resultados. Ello implica la base de una organización aprehendiente.

i) Establecer mecanismos de compensación por competencias, en función de los aportes de todos y cada uno de los colaboradores.

j) Mantener un sistema de información y participación claro, oportuno y transparente, que permita a los colaboradores ser conocedores de los avances y desafíos de la institución.

k) Entregar la posibilidad de que aquellos colaboradores que destaquen con sus aportes, productividad e iniciativas. Tengan la opción de crecimiento y desarrollo organizacional en la empresa, o en otros negocios que vayan surgiendo.
Estas y otras acciones claves conforman un abanico de posibilidades para contar con un equipo de colaboradores que van a marcar las diferencias en las empresas. La inversión en esta línea de trabajo es menos representativa que el gasto en publicidad masiva. Sin embargo, los beneficios y la rentabilidad de desarrollar esta línea de trabajo se resume en las siguientes variables:

a. Mejora de la imagen de la marca, de la empresa y del servicio.

b. Aumenta la tasa de fidelización de los clientes, por la recepción de un “producto/servicio” de alto nivel.

c. Aumenta la tasa de venta de la empresa y su posicionamiento en el mercado.

d. Permite aumentar la oferta de bienes y servicios, a través de la diversificación efectiva.

e. Permite contar con el personal necesario, para ir abordando otras áreas de negocios.

f. Mejora la resistencia de los clientes, ante fallas potenciales que se puedan producir.

En resumen la mejor inversión de las instituciones de este nuevo siglo, en colocar su preocupación en el “Valor Estratégico de las organizaciones, es decir, las personas”.

 

Benito Barros

ACERCA DEL AUTOR

Benito Barros
Rector Académico del CFT de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Asesor Académico de Initiative Escuela de Negocios.